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8月14日 MARINAMe acuerdo de ella. Hacía tiempo que no lo hacía, pero me ha venido a la mente a través de ese extraño mecanismo que tiene para saltar desde el recuerdo pasando por una asociación de imágenes, que no tenían nada que ver con ella. Pasé casi toda mi niñez atemorizada por esa figura suya, pequeña, encorvada,su cabeza baja que enseñaba una nuca con pelo corto,su escalofriante mirada torcida cuando se cruzaba con alguien y el balbuceo entre dientes que mantenía casi sin mover los labios. En mi esquina se subía al bordillo de la acera y bordeaba la calle. Luego se bajaba y desandaba lo andado.Repetía una o varias veces la acción, antes de continuar su camino, que casi siempre la llevaba hasta la tienda de la calle de enfrente y luego de vuelta a su casa, donde vivía con una hermana que la mantenía recogida por caridad y la utilizaba para hacerle los recados.Su hermana era consciente de que la mayoría de las veces llegaba sin lo que le había encargado, o de que se demoraba tanto en el camino que sus encargos llegaban cuando ya no los necesitaba, pero lo importante era tenerle un quehacer que la entretuviera entre crisis y crisis. Sus crisis se habían difundido por el barrio como un reguero de pólvora, aunque me parece que todo eran referencias exageradas, como las demás historias que circulaban en aquel tiempo y se agrandaban en detalles de boca en boca aunque empezaran en un rumor confuso.Pero esas historias atemorizaban a las niñas que escuchaban y luego llenaban sus noches de pesadillas y sus paseos solitarios de temores. Yo no podía evitar sentir un escalofrío que me recorría todo el cuerpo cuando me cruzaba en la calle con ella. Marina la loca- la llamaban. Y como era una loca pacífica no la habían internado, o la familia se había negado a hacerlo, aunque a veces tuviera "esas crisis de violencia". Decían que en su familia todavía se mantenía el respeto por ella porque había sido monja, y que precisamente la locura le venía de la época de la guerra cuando el asalto a los conventos. Es curioso cómo ese personaje que tanto miedo me producía cuando era niña, ahora me produzca recordándola hasta cierta ternura. Como todos esos retazos de color incierto que entrelazamos para formar imágenes del pasado que nos corroboren las nostalgias, su recuerdo forma parte de mi album antiguo, de mis primeros trazos en las inquietudes, de mis primeras siluetas en sombra bajo la noche. Marina la loca se me desdibuja en ese ayer perdido y lejano, como al final se desdibujan todos los traumáticos miedos infantiles. O por lo menos, todos deberían desdibujarse del mismo modo cuando nos convertimos en "mayores". (...¿Qué habrá sido de ella?. Daba vueltas pero encontraba su camino) TINA 8月10日 LO INESPERADODesde que entró por la puerta, ella le empezó a observar desconfiadamente. Sin duda pensaba que era una intrusa, alguien que pretendía introducirse delicadamente, sutilmente en su mundo.Tomó precauciones, intentó dejarle clara su actitud desde el principio: hasta aquí puedes llegar, si es que yo te lo permito,así que "cuidadito conmigo". Al fin y al cabo era perra vieja y la otra una loca,que se paseaba por la casa como si le perteneciera, tomandose licencias que ella nunca se habría tomado, adueñándose de todo, metiendose en todas partes a curiosear y a estorcionar. Lo peor fué pillarla en la cocina, comíendose su comida de su propio plato, cuando a ella le habían preparado su menú especial porque supuestamente no podían comer lo mismo.Pero ella no peleó, se limitó a observarla otra vez a cierta distancia; luego se fué tranquilamente al salón y se sentó en el sofá, en su rincón de costumbre, pensando que ya llegaría su hora de pararle los pies a aquella descarada. Como venganza, en un descuido de la otra, ella también se comió parte de su "menú especial", aunque ni siquiera fuera plato de su gusto. Intentaba mantenerse al margen, hacer que la ignoraba, pasar a su lado sin mirarla siquiera. Y la pequeña loca la provocaba solapadamente, le ponía la zancadilla al paso, se le ponía por medio, jugueteaba a su alrededor, con ese bailoteo ligero e irritante. La perseguía intentando un acercamiento al que ella no estaba de ningún modo dispuesta. Mas tarde o más temprano iba a acabar enseñándole los dientes, ¿o es que ella no entendía que era de otra raza?, que la amistad no podía existir entre las dos, ni mucho menos el "hermanamiento". Los padres parecían estar encantados con ella, le reían las gracias,la atendían con todo cuidado y la dejaban corretear por todas partes a su antojo.Si ella no le paraba los pies se acabaría haciendo la dueña de la casa, eso estaba claro. Pero un día desapareció sin que nadie se explicara como.Enseguida cundió el pánico en la casa, los padres se pusieron desesperadamente a buscarla por todas partes. Salieron a la calle llamándola a gritos. Preguntaron a los vecinos si por casualidad la habían visto, dándoles su descripción a los que no la conocían. La madre recorrió el parque infantil, la buscó por entre los setos por si se había escondido allí. Miró con pánico hacia la carretera donde circulaban un sin fín de coches y se fué a buscarla a todos los parques cercanos y a la peligrosa orilla del lago. Les vió tan atribulados que ella misma se puso a buscarla por todos los rincones de la casa, porque nadie mejor sabía que podía esconderse en cualquier hueco. ¡¡ Y la encontró!!- la muy ladina estaba escondida debajo de la mesa, oculta bajo el tapete, enroscada sobre la silla.Era un escondite perfecto porque la oscuridad del salón no dejaba ver bien aquel hueco, por eso nadie la había visto. Desde ese dia ella la vigila de cerca, se ha convertido en su sombra.Consiente que hasta se siente en su rincón del sofá sin gruñirle y se hace la desentendida cuando se come a escondidas, su comida porque la loca la prefiere a su propio menú; a ella en cambio el suyo le sabe a rayos y no le ha vuelto a quitar ni una migaja. La tolerancia, que no la amistad, se instala entre ellas. Alguna vez, si se tocan cosas muy privadas, han saltado como fieras pero ni la una ha mordido ni la otra ha sacado las uñas, se han limitado a escandalizar y amenazarse. Al finalizar el primer periodo obligatorio de costumbres mutuas, los padres han descubierto que la " pequeña intrusa" no sólo es de otra raza, sino de otro sexo. Lo más inesperado es que con todo lo que ha pasado ella echa de menos a la gata loca, y parece tenerle cierto respeto, intuyendo su condición masculina, o dándose cuenta de que su condición canina es otro obstáculo más en el hermanamiento que se pretendía. (Para Wendy y A´Gat@) |
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