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日志


3月23日

EL MAR

 

 

El mar es una estela azul celeste,

es una inmensidad en movimiento,

es un rumor de ritmo intermitente,

es una ruta que deriva al viento.

 

El mar es hábitat  de profundidades,

es un silencio roto en superficie,

un mundo de reservas naturales,

un  estremecimiento  que persiste.

 

El mar es un vaivén de espuma blanca

es un beso lamioso en las orillas,

es una indescriptible maravilla,

tornasolado como la esperanza.

 

El mar es tan eterno como el tiempo,

es tan incontenible como el alma,

es toda la patencia de la calma,

es el bramar del grito más violento.

                                            

 

Es más agua que tierra sobre el globo,

es más parte de lluvia que de llanto,

es más ambigüedad que desencanto,

es más poema intrínseco que trovo.

 

El mar es tan grandioso y tan complejo…

y sin embargo  añora la laguna,

se mueve por influjo de la luna

y su color tan solo es un reflejo.

 

                                                                              TINA          23-3-2008                   

3月22日

UNA NUBE

Es apática y frágil la lluvia de la primavera
como un llanto que fuera mentira,
como un sombreado preámbulo a tientas
entre un cielo de azul insultante
y una nube de Abril pasajera.

En silencio se queda la tarde,
en suspenso la atmósfera quieta.
Y la tierra, que a penas se moja,
queda despechada,triste, insatisfecha.
Y su olor es mohoso y violento,
como un desgarrado grito de protesta.

3月12日

UNA HISTORIA REAL(Como la vida misma...)

   Estaba esperando el autobús,ese cuya línea nunca se normaliza y siempre llega tarde;en particular los festivos y vísperas.
Era sábado, por la tarde, por eso todavía no se había formado la clásica cola en la parada, sólo una mujer llegó y se colocó a mi lado a esperar.
Era  una mujer mayor-detesto ese calificativo, aunque lo emplee en esta ocasión-al principio no me fijé a penas en ella, hasta que empezó a hablarme.Se dirigía a mí pero no me miraba,su vista estaba fija en el margen de la carretera mientras pronunciaba las palabras, en tono alto pero como si realmente hablara para sí misma.
-Pues sí, ya ve usted, salgo a dar una vuelta por el centro.No voy a ningún sitio en concreto, sólo se me apetece ir a dar una vuelta.¿Ve usted este bolso?-y señalaba el que llevaba colgado del brazo: negro, de piel, con una hebilla dorada como cierre -pues ni lo había estrenado,metido en el armario lo tenía desde hace varias navidades que me lo regalaron, igual que esta chaqueta -la que llevaba puesta- me la habré puesto dos veces, a lo sumo, para ir al bautizo del niño y para una boda de una prima.
Pues están en muy buen estado-estuve tentada de decir, por decir algo-pero ella no esperaba respuesta, seguía su monólogo mirando al frente.
Los zapatos, eso sí, tengo algunos que no me pongo porque me hacen daño, yo prefiero ir cómoda.Y tacones nunca he usado,siempre zapato bajo, pero el zapato nuevo hay que domarlo y para eso hay que andar mucho con ellos.
Se calló como si reflexionara sobre lo que acababa de decir, pero antes de que yo pudiera intercalar una sóla frase de complicidad, continuó diciendo:
¿Salir?, a ningún sitio, nunca, ni fiesta ni diario. La ropa nueva colgada en el ropero para guardarla con alcanfor y sacarla la temporada siguiente y que siga colgada.
Esta mañana he ido a la peluquería -vi en sus lábios un esbozo de sonrisa- La peluquera me ha dicho que tengo un pelo muy amoldable, pero claro, ella seguro que estaba intentando ganar una clienta....A mi no me conoce porque no voy nunca, hasta yo sola me corto el pelo.
Y no es que a mi no me haya gustado arreglarme, no, pero siempre cuestionaba ¿que para qué?,¿que para qué?
Y salir ¿a dónde?,¿a dónde?.
Y ahora ya no tengo que dar explicaciones, me apetece salir y salgo -subió el tono de voz y me pareció advertir que se quebraba un poco- me apetece arreglarme y me arreglo.
Yo voy a dar una vuelta, mire usted que cosa más simple, a lo mejor llego al final del trayecto, me tomo un café y me vuelvo tan a gusto. A ver lo que tiene eso de malo.-esta vez me pareció ver un brillo de lágrima en el rabillo del ojo que no me miraba, mientras sus labios se apretaban con rabia al pronunciar las frases más duras.
El ya no me va a prohibir nada, está muerto. Y ahora yo voy a vivir mi vida.

                                                                                                                        (Nunca he podido olvidar esa conversación, ni a esa tristísima
                                                                                                                        mujer que esperaba el primer autobús de la tarde)

3月3日

LOS FANTASMAS DEL PARQUE

Era una tarde en la que había elegido pasear sola. La entrañable soledad elegida es el mejor asidero para el alma. En la entrañable soledad elegida nos encontramos siempre, en el fondo de nuestro yo más recóndito.
Me fuí por la alameda, caminando despacio entre las dos avenidas de árboles que aún soportan el paso de los siglos y se dejan adornar en las fiestas con luces de colores, alternando su frondosidad y sus gruesos troncos con la esbeltez y el exotismo de las palmeras que crecieron más impacientes por acercarse al cielo.Todavía hay edificios coloniales que parecieron resistir el embite de modernidad que acabó con medio centro histórico de la ciudad cambiante, adaptada y abierta a todo y a todos, con indolente fragilidad y con insuficiente valor de reconocimiento propio, que desde hace siglos se ha dejado arrebatar sus más preciados tesoros y casi todo su patrimonio.
Llegué al parque, mi parque, también desprovisto de sus viejos árboles, suplantados por unos nuevos proyectos de troncos y ramas sin un futuro plausible ni un pasado patente.La ráfaga del recuerdo me volvió a situar sobre aquel suelo de baldosas por donde yo corría y espantaba las palomas. En los Jardines de Pedro Luís Alonso, milagrosamente conservados desde hace dos siglos,se entretuvo mi niñez por entre los arcos y los bancos de ladrillo,saltando entre los setos y admirando los pájaros diversos y los loros de plumas coloridas que revoloteaban dentro de una enorme jaula,o los cisnes blancos que habitaban el estanque y los patos que se refugiaban en la caseta central, a la que accedían desde el agua por una rampa de madera.
El  fantasma era una niña que jugaba al escondite y que su madre llamaba con voz fina y risueña.
En los jardines de Puerta Oscura,donde todavía perviven los cipreses, las jacarandas y un ficus centenario, rememoré escapadas por los rincones y besos prohibidos en bancos bajo farolas de luz ténue. Había manos enlazadas, sueños comunes y palabras quedas...
Los fantasmas eran dos niños que jugaban al amor bajo una luna de verano.
Desde la escalinata que sube hasta la puerta trasera del museo municipal,- ese edificio detonante construido en la misma Coracha, destruida hace años por incultura y poco aprecio a la tradición y lo típico de aquella ciudad que salía en las postales de los años sesenta, viajando en el equipaje de los primeros extranjeros venidos a nuestra costa-se puede ver una panorámica magestuosa con el edificio del ayuntamiento al fondo y el castillo de Gibralfaro a la derecha iluminado, mirando al mar y al puerto,con nostalgia de un pasado glorioso.
El fantasma era un rey moro que paseaba por sus zonas amuralladas, se asomaba a sus almenas contemplando el cielo más azul que nunca había visto, y prefirió morir antes que abandonar la fortaleza.

Bajé por la parte posterior del parque, junto al Paseo de los Curas, la parte donde todavía se conservan miles de plantas tropicales y especies traidas de diferentes continentes y también las glorietas con fuentes y esculturas mitológicas o costumbristas. Aún está en pie la escultura del burrito Platero de Jaime Pimentel, donde las niñas se hicieron fotos conmemorativas en  un día festivo, con vestidos nuevos y lazos en el pelo, con sonrisa de diversión sencilla y mirada de curiosidad que captó ese negativo rebelado en los colores de la memoria.

Los fantasmas del parque eran todos los recuerdos acumulados, todos los momentos vividos, todos los dias, las épocas, los siglos de existencia de  una ciudad  en la que he vivido siempre, una ciudad que amo entrañablemente, como a mi soledad, mi soledad elegida de esta tarde; que incongruentemente ha sido la tarde menos solitaria de mi vida.

                                             "...Yo tampoco podría marcharme
                                                sin volver otra vez a pisarla,
                                                esta tierra de embrujo
                                                que te da pena y palmas"

                                        
(Fragmento de un poema antiguo)